Publicado por Erradizo el 15 de octubre de 2007
Clasificado en: Músicos

Esta vez internet me ha defraudado. Estaba ahora buscando información sobre Bobby Timmons después de unos días empapándome con su piano, y resulta que no hay mucho que leer de él por ahí.

Boby TimmonsSí, hablan de algunos discos y colaboraciones, pero de su vida hablan muy poco. Cuentan que empezó con el piano cuando tenía seis años, y que murió de una cirrosis. ¿Y en medio?, quiero saber que fue de su vida durante esos, escasísimos, 38 años. Quiero saber quien le inspiraba, que música escuchaba que le hacía pensar en nuevas melodías, en crear un estilo, quiero saber con quien aprendió. Quiero que me digan que coño le pasó por su cabeza cuando decidió que debía matarse bebiendo. Qué demonios le hizo pensar que no llegaría a ser uno de los grandísimos. ¿Mujeres?, ¿drogas?, ¿decepción de no encontrar en la música lo que buscaba?. ¿Cual fue el acontecimiento que lo desencadenó todo?

Ya sé que estoy pidiendo demasiado a internet, pero hoy necesitaba saber. Creo que tendré que hacer como con el innombrable del que me agencié su biografía. Si es que la hay. A veces pienso que es injusto que se arroje al olvido a gente como esta.

Sirva este post de recuerdo y homenaje a Bobby Timmons.
¡Saludos jefe!, lamento lo que te pasó.
Fuese lo que fuese.

Escuchando: Moanin’ – Bobby Timmons



Publicado por Erradizo el 3 de octubre de 2007
Clasificado en: Retales

Ayer estuve en París por un asunto de trabajo, me hicieron asistir a una de esas conferencias que no sirven de mucho. El caso es que, afortunadamente, terminó pronto y pude salir con mis compañeros a ver algo de París.

A las ocho habíamos quedado con la prima de uno de mis compañeros para que nos llevara a cenar por ahí, así que antes de eso nos decidimos a montar en uno de esos horteras autobuses descapotables que te dan una vuelta por los sitios más turísticos. La verdad es que me gustó la vuelta, tengo apuntado volver con algo más de calma.

Habíamos quedado en la puerta de la tienda de Virgin, así que antes curioseé un poco por la zona de jazz a ver si pescaba algo interesante. Nada. A la hora convenida nos encontramos con Leo (Leonor) y su primo le comentó mi afición (adicción) al jazz y le pidió que nos llevara a algún sitio. Leo decidió llevarnos al famoso barrio de Montmartre, donde ella vive. Cenamos en un restaurante de barrio muy familiar y acogedor, donde nos trataron de maravilla.

A la salida, y a dos pasos, se encontraba Le Houdon Jazz Club, un local que en la planta de arriba es restaurante y en la de abajo tienen una especie de cueva donde se celebran los conciertos en directo. Ahora es cuando llega lo que os quería contar.

Like someone in loveSegún bajamos vi a un hombre negro, canoso, con un estuche ente las piernas que parecía ser una trompeta. El viejo tenía la cabeza caída hacia su hombro y estaba con los ojos cerrados. Mi primera impresión era que estaba borracho o dormido, sin embargo movía levemente la cabeza al compás de la música. A veces asentía como diciendo “bien hecho”, otras veces parecía que negaba, pensando sin duda que lo que había imaginado en su cabeza era mejor que lo que había entrado por su oido. No era borrachera, era concentración.

Me asomé al escenario y allí había 5 tipos en una minúscula tarima, piano, batería, saxo, guitarra y contrabajo. Tres de ellos parecían unos curritos que se habían pasado a tocar algo por allí antes de irse a casa, los otros dos parecían estudiantes de tercero de carrera alargando el día. Tocaban algo que no pude identificar pero que sonaba muy bien. De repente el saxo empezó un sólo buenísimo, me acerqué a mi anfitriona y le dije “este tipo suena como Coltrane”. Por su cara de estupefacción intuí que no sabía de que le estaba hablando, así que me ahorré decirle que al tipo le había bautizado cómo el pequeño Coltrane blanco.

Cual fue mi sorpresa cuando vi que al terminar la canción el tipo del saxo se bajaba del escenario, y el piano también. Pensé: “jo, acabamos de llegar y esto se termina”. Pero no, de repente aparece otro tipo con una lista en la mano y empieza a llamar a gente. Se levantan dos del público, uno de ellos ocupa el sitio del piano y el otro lleva un clarinete en la mano. Se miran, asienten, y se ponen a tocar. Vale, no era el mejor jazz del mundo, pero se compensaba con el buen gusto que deja algo improvisado.

Acaba la canción, y otra rotación, a la batería se pone una chica de unos 24 años, al estudiante de la guitarra le sustituye alguien que parece ser su padre, al menos eso parecía al ver como se hablaban. En el piano se sienta un oriental y sube un chaval con su trompeta. Empezaron un clásico que reconocí pero al que no le supe poner título. Acaba la canción y esta vez sólo cambia el piano, al que se sube un negro joven. El trompeta le comenta a la guitarra la canción que quiere tocar y éste se lo dice al resto, pero la batería parece no conocer esa canción. Hablan un minuto, la chica asiente, y a tocar: la batería llevando perfectamente otro clásico del que no se deciros el título (lo siento, lo de mi memoria es crónico).

Me acerqué de nuevo a Leo, más que nada por darle muestras de agradecimiento, pero no pude. A mi lado estaba el oriental del piano charlando con otro oriental (en francés), le estaba explicando una melodía. Se la tarareaba y el otro la intentaba repetir. El primero le corregía: “no, fíjate en esta pausa” (imaginé) y le repetía la melodia. Tras un par de intentos más, lo hicieron al unísono. Vi que se miraban cómo diciendo: “vale, en la siguiente que toquemos juntos lo hacemos”. ¡Estaba presenciando la creación de una melodía!

Lamentablemente no pude asistir a la ejecución, el cubata y el cansancio pudieron conmigo y nos marchamos del local justo cuando el viejo estaba desenfundando su trompeta. Me mataba la envidia cuando pensaba en lo afortunada que era la gente que tenía a su disposición algo así. Cerré la noche diciéndole a Leo “¿sabes?, si hubiera un local como este en mi barrio creo que mi mujer se acabaría divorciando de mi”. Esta vez si entendió de que la estaba hablando.

Escuchando: Cab Calloway – Minnie The Moocher

P.D.: Leo, mil gracias por la noche, no te puedes imaginar cómo disfruté.