Clasificado en: Retales
Hoy vengo con otra de esas historias que me ocurren de vez en cuando. Esas que empiezan con algo trivial y acaban envolviéndome en una obsesión jazzistica. En concreto esta historia acaba en el jazz y Julio Cortazar.
Todo empezó hace unos meses con un anuncio de televisión de un coche:
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa, como un bracito desesperado colgado de tu muñeca…
Desde el primer momento me llamó la atención el anuncio, primero por el extraño acento del que lo narra, después por el enfoque que se le da a algo tan cotidiano como tener o que te regalen un reloj. Mientras más veía el anuncio, más inverosímil se me hacía que esa reflexión saliera de un creativo de publicidad (con mis respetos), así que hace una semana me puse a buscar de dónde salía esa idea. ¿Y sabéis de dónde sale?: de Historias de cronopios y de famas de Julio Cortazar.
La verdad es que tenía una cuenta pendiente con él, a pesar de haber leído en algunos blogs sobre Julio y de su relación con el Jazz no había hecho un intento de leerlo. Así que me decidí y el lunes pasado me acerqué a un Bibliometro para alquilar un libro de Cortazar. Desafortunadamente (?) no tenían El perseguidor, que era el primer libro que quería leer, así que saqué La rayuela. Casualidades de la vida dos días después Félix publicaba en su blog un post sobre Julio Cortazar y el Jazz (os lo recomiendo). Hablaba del libro que acababa de empezar a leer y además menciona un disco-libro titulado La jazzuela, dónde se recogen los temas musicales que en él se narran.
Los que me conocéis algo sabéis que soy de pequeñas obsesiones y en esta ocasión me entró la obsesión de poseer ese disco-libro. Pero era imposible encontrarlo en las tiendas, en todas descatalogado. Mientras más crecían las dificultades para hacerme con él más crecía mi pequeña obsesión. Hasta que finalmente, hoy, me he hecho con un ejemplar (lo siento Félix, era el único disponible. ¿quieres que lo compartamos?, gracias a tí lo tengo). Os cuento, encontré una librería especializada en libros descatalogados (primeras ediciones únicamente) y ejemplares únicos de autores sudamericanos (libros incluso autografiados por los propios autores). Y allí estaba, La jazzuela.
Estuve charlando con el atentísimo dueño sobre el Jazz y Cortazar. Le pregunté si tenía El perseguidor y, efectivamente, tenía varios ejemplares, así que adquirí una primera edición de El perseguidor y otros relatos (1979, editorial Bruguera). Continuamos hablando de ese libro y me comentó que habían hecho una película sobre él. Me contaba que la música era de Gato Barbieri, que la filmación era muy difícil de encontrar y que, casualmente, él tenía una copia. ¿Quien se puede resistir a eso?, lo compré.
Me estaban entrando remordimientos, ya que, evidentemente, ese material no era precisamente barato. Pero pensé ¿que demonios?, he pasado un mes muy duro, donde el trabajo se ha convertido en un pequeño infierno y donde he descubierto que tengo un amigo (del alma) que no confía en mi. Me merezco un capricho para cuidarme y animarme.
Así que, ya veis, la historia empieza con un anuncio de un coche y termina con tres cuentas pendientes con el Jazz:
- escuchar-leer un disco-libro
- leer otro libro
- ver una película.
Maldito marketing.
Escuchando: Jelly Roy Morton – Mamie’s blues